os gusta el nuevo relato sueños de una cazadora??

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domingo, 27 de diciembre de 2009

8º parte¡¡

Ola¡¡¡ siento haber estado tanto tiempo sin escribir. Bueno, el caso es k aki vengo cn una parte más que espero k os guste por que la cosa se empieza poner interesante¡¡¡¡ agradecería vuestros comentarios. bueno, un besazo a todas (aunque no sepa exactamente kn sois) espero k os guste¡¡¡¡



Un silencio sepulcral inunda el lugar en el que estoy. La oscuridad abarca todo cuanto no está iluminado por la tenue luz que aporta la luna. No sé que hago... dónde estoy... estoy confusa y eso es todo lo que sé de momento.
Apoyo una mano en el suelo con la intención de levantarme y noto pequeñas piedrecillas clavándose sin piedad en mi piel. Miro a mi alrededor con extrañeza, pero entonces mi rostro vuelve a perder color. Este es el viejo cementerio que está al lado de la carretera. Lo sé porque yo solía venir aquí con Caroline. Caroline... mis recuerdos me parecen muy lejanos, tanto que me duele recordarlos. Además, estoy tan cansada... Pero, ¿qué hago yo aquí? Yo jamás vendría por voluntad propia y algo me dice que Caroline y Alexander no tienen nada que ver con esto. Un momento... percibo algo. Algo me acecha en la oscuridad, lo sé, y me pone muy nerviosa. De mi boca sale de repente un gruñido que me deja paralizada. Esa no he podido ser yo, madre mía, ¿qué me está pasando? Me levanto rápidamente y entre jadeos y echo a andar a zancadas hacia un parque que hay al otro lado de la carretera. Siempre me ha gustado ese parque, me hace sentir como si estuviera en casa. Justo cuando estoy alcanzando los límites del cementerio vuelvo a sentir una presencia. Algo o alguien me está siguiendo, y sea lo que sea me pone los pelos de punta. Acelero el paso, pero en seguida me doy cuenta de que no es suficiente y echo a correr. Corro lo más rápido que puedo hasta que alcanzo el parque, entonces me dejo caer junto a un árbol. Aún estoy jadeando por el esfuerzo. Cierro los ojos y giro la cabeza, al abrirlos lo veo, y entonces lo recuerdo todo. La fiesta, Alexander, la marca... y él.
Kyle está de pie enfrente de mí y sonríe. Sonríe de la misma forma en la que sonreía antes, en el baño. Y a pesar de que ya lo he visto antes, me quedo aterrada ante la visión de los perfiles curvos que adornan su sonrisa.
Kyle se acerca lentamente a mí, pero apenas soy consciente de ello ya que no puedo apartar la mirada de sus profundos ojos rojos, que lanzan destellos a medida que se aproximan al claro de luz de luna en el que me encuentro.
Se acerca cada vez más hasta quedarse de cuclillas a mi lado. Entonces soy consciente del frío que hace a mi alrededor, tanto que puedo ver con mis propios ojos el vaho que expulsa mi boca. Me aterra tenerlo tan cerca, tanto que puedo hasta tocarle con sólo estirar mis dedos. Él, ajeno a todo lo que pasa por mi mente me agarra de la nuca y me atrae hacia sí.
Y, de repente, todo lo que yo mas temo comienza.
Siento sus fríos y despiadados labios sobre mi piel, acariciantes, prometiendo que lo que va a suceder a continuación no va a doler, que no voy a sufrir... pero yo sé que no es verdad. Lentamente sus labios se abren, dejando paso a dos largos y afilados colmillos, que se clavan sin miramientos en la piel de mi cuello. Todo a mi alrededor se mueve, da vueltas. Puedo oír vagamente el murmullo del viento y aullidos cerca, pero ahora mismo no es la mayor de mis preocupaciones, pues, a cada momento que pasa, sus colmillos se clavan con mas firmeza en mi piel, robándome poco a poco mi vida y duele tanto... Sus labios presionan furiosamente contra mi piel, buscando alimento, buscando vivir eternamente, pero no puedo dárselo... tengo que parar. Intento incorporarme, pero el peso de su cuerpo hace que el mío propio se incline, y no puedo luchar contra eso. Mis brazos buscan algo a lo que adherirse, pero estoy tan débil... empieza a faltarme el aire. Sólo necesito un momento de distracción, un poco de vacilación por su parte, sólo un momento. Con unas pocas fuerzas que no se de dónde saco, inclino la cabeza hacia mi brazo derecho y me quedo helada. La mancha negra que antes tenía el tamaño de una nuez se extiende a una velocidad alarmante por todo mi cuerpo. Ahora, la mitad de mi cuerpo se camufla perfectamente con la noche y me hace parecer prácticamente invisible. De repente todo frena, el dolor desaparece. Levanto la mirada de nuevo, aturdida, y me quedo helada. Estamos rodeados, no sé exactamente de qué, pero sé vamos a morir, lo sé. Mi respiración se acelera, tengo el cerebro colapsado, no sé que hacer, no sé que hacer... el aire vuelve a faltarme. Entonces, me doy cuenta del error que estoy cometiendo. ¡Maldita sea! Es mi momento, ahora. Con las últimas fuerzas que me quedan me levanto y corro. Corro como nunca lo he hecho. Sin mirar atrás, tropezando constantemente y sin dejar de levantarme. Corro desesperadamente hacia la vieja carretera que me lleva al cementerio de nuevo, mi hogar a partir de ahora.
Una vez allí, con el único apoyo de una cruz gótica y oxidada, lloro. Es algo que casi nunca había hecho, o al menos, no de este modo. Pero, al fin y al cabo, ¿qué mejor forma que llorar para echar de menos a esa luz que nunca más volveré a ver? Además, no pierdo nada. Hace tanto frío y estoy tan, tan sola...
Mi último pensamiento antes de que toda mi piel se vuelva negra como la noche misma está dirigido a...

viernes, 25 de diciembre de 2009

una parte más¡¡

Jadeando y con el único apoyo del viejo tablón de anuncios que hay en la recepción, me quedo descansando los pocos minutos que faltan antes de que suene la campana que anuncia el comienzo de las clases. Ya debería estar en el aula de física, esperando al profesor mientras comento con Caroline las últimas novedades de la revista Moda adolescente pero soy incapaz de moverme.
He recorrido todo el trecho de mi casa al instituto corriendo y, sinceramente, no me apetece tener que volver a hacerlo.
Lentamente, mi espalda resbala por la pared y me quedo sentada en el suelo, inmóvil. Soy consciente de que el profesor de física va a leer por enésima vez el relato breve con moraleja acerca de las vidas caóticas y de qué es lo que hay que hacer para combatirlas. Porras. Y después lo más probable es que dedique la media hora siguiente de clase a su deporte favorito, humillarme delante de todo el mundo. Así es mi vida. Esto no es nada inusual, así como las faltas por no traer los deberes y un par de incidencias más.
Muy a mi pesar y sabiendo que la suerte no me sonríe, me levanto del suelo y me encamino hacia el aula de física.
Cuando llego, me planto en la puerta, esperando las riñas del profesor, pero éste no está. ¡Genial! Al fin y al cabo, puede que la suerte haya hecho hoy un hueco para una más.
- ¡Linda!- Me giro para ver quién me ha llamado, aunque reconozco perfectamente la voz profundamente nasal. Caroline.- Vamos, no te quedes en la puerta, el señor Cast está a punto de llegar.
¿Qué profesor en su sano juicio se apellidaría Cast? Vale, sé que es un apellido de lo más normal pero suena tan ridículo. Por favor señor Cast, deje a la señorita Johnson en paz o me veré obligada a expulsarle de este centro. Al pensar en la escena me aflora una sonrisa a los labios y aún sonriendo me dirijo a mi pupitre para dejar mi mochila junto a él.
La molesta de Caroline viene trotando hacia mí, dejando atrás a su grupito de populares ineptos.
- ¡Linda!, ni siquiera me has saludado, ¿estás bien?- Chilla en plan histérico. Estoy a punto de disculparme de manera brusca por no haberla saludado lo primero de todo, ya que, según parece, no tengo cosas mejores que hacer. Pero como siempre me advierte la gente (mi madre) decido pensar las cosas antes de decirlas. Además, en estos momentos no creo que Caroline se merezca mi mal comportamiento. Estoy a punto de contestarle, pero, sin darme tiempo siquiera a abrir la boca comienza con su vacía cháchara habitual.- Adivina quién me ha pedido que vaya con él a la fiesta de Halloween de mañana.
- A ver, quién.- Le contesto con un entusiasmo muy mal fingido, aunque ella no parece darse cuenta, está demasiado ocupada hablando de sus ligues. Ni que a mí me importara.
Caroline frunce el ceño con desagrado.
- Se supone que tienes que adivinarlo.
Me siento como cuando de pequeña jugaba a las adivinanzas. Hablando de conversaciones vacías y estúpidas... De repente una chispa de terror se enciende en mi interior y me veo obligada a preguntarle.
- ¿Alexander?- Cruzo los dedos a mi espalda, luchando con todas mis fuerzas por que no sea así.
- No, él no. Pero estoy segura de que va a pedírmelo.- Suelta una risa estúpida y empieza a hablarme de lo guapo y lo atento que le parece y otra sarta de chorradas. Pero yo no necesito oír nada más para tranquilizarme.
Justo en este momento suena la campanilla y todos nos disponemos a ocupar nuestros respectivos sitios. El mío, en primera fila, por supuesto.
El profesor Cast hace su entrada en el aula, con su típico gesto de que algo huele mal, cuando lo único que apesta aquí es él.
- Vaya, vaya señorita Johnson.- Lo sabía, es incapaz de no meterse conmigo, aunque sea del todo inocente.- Veo que ha llegado usted puntual. Quiero que demos todos un caluroso aplauso a nuestra señorita Linda Johnson, que ha conseguido superarse a sí misma hoy.
Toda la clase se pone a aplaudir para seguir la broma del profesor, lo que hace que yo me hunda aún más si cabe en mi asiento, deseando ser invisible.
- Sabía que mis relatos con moraleja acabarían por dar su fruto, sobre todo en alguien como usted. Pensé que todo estaba perdido, pero me equivocaba, has conseguido llegar puntual por primer día consecutivo en lo que llevamos de trimestre.- Dice como quien no quiere la cosa cuando se apagan los aplausos. Menudo idiota. Estoy hasta las narices de que me trate como si no supiera hacer nada bien.- Por eso, quiero recompensaros a ti y a toda la clase con un examen sorpresa de formulación.
Perfecto. Esta claro que me he hecho demasiadas ilusiones respecto a mi día de suerte. Desde luego hoy no va a ser.
La clase protesta en una especie de réplica apagada, porque saben que no tienen nada que hacer y, en seguida, el profesor consigue acallar las protestas y repartir un examen a cada uno. El resto... el resto prefiero no recordarlo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

7º parte¡¡

para los k no puedan comentar, he colgado abajo en aviso¡¡ las instrucciones de como hacerlo ok??
espero k os guste esta parte¡¡:

Ya hemos saludado a todas las personas que conocemos y por fin tenemos tiempo para nosotros. Nos dirigimos de nuevo a la pista de baile y volvemos a quedarnos inmersos en el ritmo de la música. Ahora toca un baile lento y todas las parejas se apiñan en torno a la pista.
Lo malo de estos bailes es que siempre reina un calor asfixiante. Lentamente dejo que la fina chaqueta blanca de encaje resbale por mis hombros, lo que deja al descubierto la totalidad de mis brazos y parte del escote y del cuello.
Alexander se queda mirando con aprobación mi disfraz y la gente que pasa por nuestro lado suelta comentarios fugaces acerca de lo bien logrado que está. Se me escapa una risita y Alexander me sonríe. Oh, que guapo está así, vestido de vampiro...
- Bonita cicatriz, me gusta el aire realista que le aporta a tu disfraz.
- ¿Eh?- me quedo por un momento en estado de shock. De hecho lo único siniestro que recubre el vestido son unas pocas manchas de sangre falsa, la idea fue de mi hermana. -¿Te refieres a la sangre?
- No, me refiero a la marca negra que te has tatuado en el brazo, es muy realista- dice cogiéndome de la mano con firmeza hasta dejar visible la marca.
Me quedo mirando fijamente mi brazo, atónita. La marca que he descubierto hace unos momentos, después de mi encuentro con Kyle se extiende ahora hasta el hombro. ¡No puedo creerlo! Ha crecido. Los moratones no crecen, y menos tan rápido.
- ¿Linda?
Me gustaría contestarle pero no encuentro palabras. Estoy asustada y que halla tanta gente a mi alrededor no ayuda precisamente. Estoy empezando a agobiarme.
- Lindy, ¿estás bien?
- No... Si. Necesito ir al servicio, eso es todo.
Le dedico una última mirada de disculpa y me dirijo rápidamente hacia los lavabos. Espero que no se lo haya tomado a mal...
Después de haberme mirado al espejo unas cien veces para cerciorarme de que la extraña marca que estoy segura de no haberme pintado sigue ahí, cierro los ojos y me apoyo contra la pared. Necesito explicaciones, pero el único modo de conseguirlas es preguntándole a Kyle y no tengo muchas ganas de hacerlo. Porras. ¿Porqué seré tan supersticiosa? Lo más probable es que se trate de cualquier chorrada. Tal vez me haya apoyado en una pared y se haya marcado sin querer. Pero, por desgracia, sólo me falta echarle una mirada rápida a mi brazo para saber que no es así. Parece como si la marca hubiera aparecido desde el interior de mi cuerpo. Estoy preocupada. Pero no puedo retrasar las cosas más, lo más probable es que Alexander esté empezando a cansarse y eso es lo último que quiero.
Arrastro los pies hacia la puerta, la abro lentamente, y para cuando está abierta, ya no hay vuelta atrás.
La figura que me espera al otro lado, con una sonrisa siniestra y torcida me es realmente familiar. Es más, es un rostro que acabo de contemplar hace unos momentos. Es un hombre y va vestido de negro de pies a cabeza, pero eso no es lo que me hace temblar de puro terror, pues hoy es Halloween y no hay nada más normal aquí que eso, sino su expresión... Parece leer mis pensamientos, parece decirme que sabe perfectamente cómo me siento, su expresión me induce a pensar que él puede calmar mi confusión. Y no puedo apartar la mirada de sus ojos. Siento como mi rostro comienza a palidecer, no es una visión agradable, al menos, no en estos momentos. Intento cerrar la puerta de un portazo, pero me siento extrañamente débil y hay un pie que me lo impide. También intento gritar, pero mi boca está seca y sin aire. Hay algo en su sonrisa, algo que no cuadra que no... Mis ojos se abren desmesuradamente al comprender, justo antes de cerrarse y sumirme en la más profunda oscuridad...

Sueños de una cazadora

PROLOGO

Un nuevo rayo cruzó fugazmente mi ventana y desapareció en la oscuridad de la noche. Me encogí aun más debajo de las mantas, asustada y volví a mirar por la ventana para mirar el desolador paisaje.
El cielo estaba completamente negro y apenas había luz, pero debido a las nubes y a los rayos de luna que pasaban a través ellas adquiría un tinte sobrenatural. El bosque que rodeaba la casa no podía verse si no pasaba un rayo y lo iluminaba momentáneamente y tenía miedo de lo que podía encontrarme en él con el próximo rayo de luz.
Desde aquí podía oír los gritos de mis padres peleándose en su habitación y los sollozos de mi hermano pequeño. En ocasiones, tenía muchas ganas de huir de aquello.
Dejé que una lágrima resbalara por la comisura de mi ojo y cayera sobre mi mejilla sin apartarla, sin tener que fingir que no pasaba nada. Notaba que mi vida era monótona, vacía y sin ningún sentido y aquello no era algo que yo hubiese elegido, nadie lo habría hecho.
Recé con los ojos apretados con fuerza para que todo cesara.
Quería que mis padres dejaran de gritarse y decirse cosas sin vuelta atrás y quería que mi hermanito Tommy no estuviera triste. También quería poder salir de aquí y abandonar toda una vida que no merecía la pena en absoluto.
Lo malo era que de tanto tiempo viviendo de este modo, estaba empezando a acostumbrarme.
Los temblores de la casa se intensificaron y me encogí aún más, gimiendo y sin querer levantar la cabeza de entre mis rodillas. No me atrevía a salir de mi viejo cuarto y arreglar las cosas.
Hasta que oí un ruido que me hizo ponerme en pie de un salto.
Provenía de la puerta de entrada, alguien la había abierto de par en par y de malos modos. Casi podía notar cómo el aire se colaba por el hueco e inundaba cada rincón de la casa y eso me enfureció.
De repente, tan rápido como habían empezado, los gritos y los sollozos cesaron y la casa quedo completamente en silencio salvo por el sonido del viento que silbaba entre los polvorientos muebles.
Abrí la puerta rápidamente y salí al exterior para ver qué había ocurrido y para cerrar la puerta y vi una figura alta y ancha recortada contra la luz de la luna, justo en el rellano de la puerta.
Me quedé paralizada unos instantes sin saber qué hacer.
- Te estaba esperando- escuché, antes de intentar huir de nuevo hacia mi cuarto.

AVISOOO¡¡

Para las personas que no puedan poner comentarios o seguir el blog.
Es necesario tener una cuenta de gmail. Si la teneis u os la haceis, pinchais en la esquina superior derecha, donde pone acceder y poneis vuestro correo y la contraseña. Le dais a ver blog y cuando os metais de nuevo pondrá arriba el nombre de vuestro correo. Si sale, entonces podeis empezar a poner comentarios y a seguir el blog.
un besooo¡¡¡
P.D pronto colgaré una historia nueva llamada "sueños de una cazadora" espero ke os guste¡¡¡

sábado, 19 de diciembre de 2009

Concurso¡¡¡




Con motivo de las próximas fiestas de fin de año, Editora Digital te invita a participar en su Primer concurso de microcuentos: ¿Quiénes pueden participar? ¡Concurso abierto para todo el mundo! ¿Qué voy a ganar? 3 ejemplares a elección de cualquier e-book (libro digital) publicado por Editora Digital.
¿Qué hay que hacer?
Deberás escribir un microcuento de no más de 150 palabras. La temática es completamente libre. Los microcuentos se enviarán en formato DOC, TXT o RTF a nimphie@editoradigital.info con el asunto “Concurso Editora Digital”.
En el cuerpo del mensaje se deberá incluir los siguientes datos: Nombre o seudónimo.
Edad.
País.
Links de las entradas extra (no obligatorias) que elijas.
Los microcuentos recibirán un puntaje numérico (0-10) que podrá subir por razón de las siguientes entradas extra (no obligatorias):
+2 puntos por ser seguidor del blog de Editora Digital antes de la noticia del concurso.
+1 punto por hacerse seguidor luego de la noticia.
+2 puntos por anunciar el concurso en tu blog.
+1 punto por pegar en la sidebar o crosscol de tu blog el botón del concurso:
Concurso Editora Digital
+1 punto por ser seguidor de Editora Digital en Twitter.
+1 punto por anunciar el concurso en Twitter.
La recepción de obras se abrirá el día 20 de diciembre y se cerrará el 20 de enero. EDIT: Cada participante puede presentarse sólo con 1 único microcuento. No es obligatorio que el microcuento lleve un título; puede llamarse "Microcuento de (nombre del autor)".
¡Esperamos sus microcuentos!

6ºparte¡¡

Una parte más¡¡¡ espero que os guste¡¡
¡Al fin! Mi espera a dado su fruto.
Después de retocarme el maquillaje, me senté en el sillón del salón y estuve esperando media hora. Al final, a las siete en punto, sonó el timbre y corrí a abrir la puerta. Y allí estaba a él, vestido de arriba debajo de negro y con una larga capa. El maquillaje que se había puesto le quedaba muy realista y estaba guapísimo. Mamá estuvo haciéndonos fotos y, media hora después, Alexander me llevó a dar un corto paseo.
Ahora estamos entrando en el baile, cogidos de la mano. No puedo creer que todo esté saliendo perfecto. Aun así, no puedo evitar mirar a ambos lados del jardín del campus para localizar a Kyle. Bueno, puede que, al fin y al cabo, no se haya decidido a venir. De todos modos yo no le veo y no pienso preocuparme más por el tema.
¡Sí! Ya estamos dentro de la fiesta. Me acerco a la pista de baile con Alexander y me pongo a bailar entre una multitud en la que predomina el color negro. Mientras tanto, miro a mi alrededor. Hay muchísima variedad respecto a los disfraces. Hay momias, hay vampiros, hay zombis... pero todos están muy logrados.
Desde el techo nos llegan focos de luz de color rojo y blanco, que le aportan un aire más siniestro al local. A ambos lados de la sala hay sillas de plástico para las personas que no aguanten el ritmo de la música y a la derecha, una gran mesa con bebidas y algo de comer. Nada más entrar, lo primero que se ve es a un Dj disfrazado de esqueleto y con un maquillaje terrorífico. La música recorre mi cuerpo como pequeñas descargas eléctricas, ¡es increíble! No volveré a perderme una fiesta de estas. Miro a Alexander a los ojos y los dos nos reímos juntos. Parece que él también se lo está pasando en grande.
- ¡Eh! ¡Linda! ¡Alexander!- me giro para ver quién nos llama. Es uno de los amigos de Alexander, que viene con tres coca colas en la mano. Nos tiende una a cada uno y abre la suya.- Habéis tardado mucho, llevamos bastante tiempo esperándoos.- Dice mientras señala tres chicos más detrás suyo.
Me quedo un poco extrañada ante tantos signos de efusividad repentinos. Es decir, conozco a dos de ellos de vista y a los otros me los presentó Alexander hace tiempo, pero nunca he sido amiga de ninguno de ellos en particular.
Este es uno de los que me presentó. Se llama Jesse y es uno de los más guapos. Tiene un pelo alucinante, rubio y ondulado y los ojos verdes. Pero lo que más me gusta de él es que es de Oklahoma y tiene un adorable acento.
- Hemos estado dando un paseo- contesto con una sonrisa. Será mejor que empiece a llevarme bien con los amigos de Alexander. Quién sabe, a lo mejor algún día nos casamos y... estoy empezando a perder la cabeza. De nuevo.
Jesse me mira con una sonrisa pícara en el rostro.
- Hoy nadie habla de otra cosa que no sea acerca de la nueva pareja del instituto.
- ¿A quién te refieres?- pregunto. Y en seguida me siento como una estúpida. Es obvio que se refiere a nosotros. A Alexander y a mí.
Alexander, Jesse y un par de personas más se me quedan mirando como si acabaran de suplantarme por una extraña muy parecida a mí, pero sin mi personalidad. Para calmar un poco el ambiente sonrío tímidamente y lo explico.
- Era una broma. Ya sabía que os referíais a nosotros.
- Jaj, menudo susto- suelta Alexander, pasándome su brazo alrededor de los hombros.- Pensé que no querías... bueno, que te habías olvidado de...
Las mejillas de Alexander se encienden y el color rojo puede verse incluso a través del maquillaje pálido.
Me pongo de puntillas y le doy un dulce beso en la mejilla. Él me mira como si fuera lo único que hay en la sala y hace que me sienta importante.
- Por supuesto que no lo he olvidado.
De repente, una empalagosa fragancia me devuelve al mundo y me hace girar la cabeza, molesta. No sé cómo lo he sentido, pero Caroline está ahora enfrente de nosotros.
- Oh, qué conmovedor...- Cualquiera diría que su tono es sincero, pero yo puedo detectar la profunda envidia que hay detrás. Instintivamente se me crispan los dedos, no puedo soportarla. Es demasiado falsa.- La nueva pareja del instituto, ¿no?
Caroline nos mira de hito en hito, esperando una respuesta.
- Sí- le respondo alzando la cabeza.- Desde luego.
El brazo de Alexander se cierra con mayor firmeza alrededor de mis hombros cuando pronuncio esas palabras.
Caroline frunce el ceño y, muy a su pesar, se da la vuelta y regresa con su nuevo ligue. Al echar a andar, va meneando las caderas, en un intento desesperado de parecer sexy. Madre mía, está tan ridícula con esa minifalda que bien podría ser uno de mis cinturones... Se supone que va disfrazada de cazavampiros, pero con esas botas hasta el muslo, esa falda enana y ese corsé que lo único que hace es subirle el pecho y hacer que parezca que tiene unas tetas inmensas lo único que parece es una puta. De hecho, Caroline es una puta. Una puta envidiosa.
- Vaya, vaya, menudo numerito de celos...- Jesse silba y abre los ojos desmesuradamente. No puedo evitar reírme, igual que Alexander.- Todo hay que decirlo, está muy buena, pero está mal de la cabeza.
- Bueno, Jess, no lo digas delante de Linda. Es su mejor amiga- dice uno de los chicos que, según recuerdo, se llama Ryan.
- Al cuerno con Caroline- le respondo mientras abro mi lata de coca cola y me la bebo de un trago.

martes, 15 de diciembre de 2009

5º parte¡¡¡

PROBLEMAS
¡Bien! ¿Habéis tenido alguna vez uno de esos días en los que nada puede salir mejor?, creo que estoy teniendo uno. ¡Hoy es la fiesta del instituto! Yo nunca he dado mucha importancia a la fiesta de Halloween, bueno, todos los años por estas fechas me disfrazo con mis amigas y eso, (aunque supongo que eso se debe a la afición de Caroline por lo oscuro) Pero este año es diferente, ¿y sabéis porqué? ¡Por él!
Aún no puedo creerme que Alexander, el chico por el que llevo colada mmm... unas cuantas semanas (no penséis mal de mí, soy muy enamoradiza) me haya pedido que vaya con él, y eso que llevo pensando en ello desde el minuto exacto en el que me lo propuso, es decir, ayer. Es como un sueño.
Además, para mí sigue siendo un misterio que Alexander no haya invitado a Caroline. Ella es mucho más guapa y baila mejor.
Bueno, a lo mejor le gusto de verdad, pero no me lo ha dicho. Me refiero a que cuando alguien te invita a un baile no significa que seáis novios.
Estoy echada en mi cama junto a mi gatita Pesadilla, contando las horas que quedan para que llegue la noche pero creo que los relojes de mi casa han hecho un complot contra mí, pues no avanzan.
Estoy tan nerviosa... La verdad es que cuando Alexander me pidió que fuera con él la idiota de Caroline intentó disuadirme por envidia, usando excusas tipo: “creo que Alexander no te conviene”, o “Te mereces algo mejor”, muy típico. Caroline está acostumbrada a que los chicos se mueran por ella y apenas le faltó tiempo de venir a darme celos con su nuevo ligue-jugador-de-fútbol-cachas. Lo que no sabe es que a mi no me produjo envidia, sino lástima. La muy idiota. Pero no dejaré que nadie me arruine esta noche. Algo me dice que no la voy a olvidar... Agarro a mi gatita por debajo de las patas y dejo que se acomode en mi regazo, se lo merece por haber tenido que escuchar todo lo que necesitaba contarle. Entierro la cara en su pelaje blanco y canela y por un momento me siento como en casa, aunque he dejado de estarlo desde que mi madre no se ocupa de mí. Mmm... cómo adoro a Pesadilla. Ella siempre hace que todo parezca mejor incluso en los mejores momentos.
Me incorporo y miro a mi alrededor. Mi cuarto parece vacío y no podré hacer nada para que deje de estarlo, porque no sé qué es lo que le falta. Tal vez un poco de amor maternal.
Es increíble la rapidez con la que cambio de estado de ánimo. Hace unos minutos estaba rebosante de alegría por los cuatro costados y ahora siento nostalgia por algo que nunca he tenido y, probablemente nunca tendré. Una familia.
Vaya, será mejor que me decline por el sentimiento de felicidad, porque no tengo ganas de pasar un mal día, ya he tenido demasiados últimamente.
Será mejor que empiece a poner la mesa para la comida, de repente siento ganas de ayudar a mi madre en todo lo que pueda. Luego tal vez vaya a dar un paseo para poner en orden mis ideas.
Maldita sea. Mi día sigue empeorando, ¡y yo que pensé que iba a ser el mejor día de mi vida! Después de poner la mesa tuve la necesidad de probarme de nuevo el precioso vestido de novia cadáver que voy a llevar a la fiesta y, sorpresa, ya no me sirve. No pienso dar explicaciones, ¿de acuerdo?, simplemente no me entra. Punto. Y no pienso pedir ayuda a mi madre, últimamente lo saca todo de lugar y lo más probable es que me lleve a un psicólogo especializado en adolescentes problemáticas con anorexia, resumen, no es buen plan. Y segundo, (y por desgracia bastante peor), ¿recordáis ese paseo que se supone iba a aclararme las ideas? Pues sí, me han quedado bastante claras, no sé si puedo ir a la fiesta.
Mi ex novio está decidido a plantarse allí, en medio, delante de todo el mundo para pedirme que volvamos a estar juntos públicamente. Veréis, estaba andando tranquilamente por el paseo que lleva al cementerio, al fin y al cabo esta noche es Halloween y hay que seguir con la tradición, (la verdad es que nunca me han atraído mucho los cementerios). Entonces es cuando le he visto a él. Él venía del cementerio y yo iba hacia allí así que nos hemos cruzado. Tenía una extraña expresión entre sombría y burlona en el rostro, él siempre ha sido bastante misterioso, no obstante... esa expresión no es propia suya así que deduzco que, bueno, supongo que estaba un pelín raro. En cuanto le he visto he empezado a apretar el paso, odio las situaciones violentas, pero justo cuando estaba pasando de largo, él me ha agarrado del brazo. Al principio me he llevado un susto, pues había tenido la ligera impresión de que era un gesto que pretendía ser violento. Luego, él se ha agachado para susurrar en mi oído las inquietantes palabras que ahora me atormentan. Nota: ha ocurrido algo extraño cuando mi cuerpo a entrado en contacto con el de Kyle, mi ex novio. He sentido una corriente eléctrica vibrando entre nuestros cuerpos y luego, al mirarme el brazo que él me ha tocado he descubierto una especie de marca. Algo así como un moratón pero más definido y de un extraño color negro azabache, como una quemadura de forma extraña. No sé qué me lo dice pero estoy segura de que no es un moratón corriente. Aunque no estoy muy convencida de que eso sea un moratón, además, Kyle me ha agarrado del brazo con suavidad. Pero prefiero no darle mucha importancia a eso porque... ¡ya no puedo ir a la fiesta! Y eso dificultará las cosas con Alexander. Aunque claro, si no voy, lo más probable es que Caroline se aproveche de la situación a su favor para poder quedarse con Alex. Y eso no puedo permitirlo. Mierda. Ya veré como me hago cargo del problema. De momento será mejor que vaya pensando en cómo arreglar el vestido, eso es lo prioritario, por ahora.
¡Aleluya! Al final todo se ha solucionado, y con éxito. Bueno, con todo me refiero a mi problema con el vestido. Lo he cogido para hacerle unos ajustes y no ha sido necesario, porque ya me quedaba bastante mejor. Mi cuerpo está bastante raro, tal vez sea por culpa de mi extraño metabolismo, o tal vez porque estoy histérica.
- Mamá, esta noche me voy a la fiesta con Alexander- digo pasando de largo y yendo hacia el baño para aplicarme los últimos retoques del maquillaje.
- ¿Fiesta? ¿Qué fiesta?- pregunta confusa, siguiéndome por el pasillo.
La miro un instante y me da lástima. Está en bata y tiene el pelo recogido en un maltrecho moño. Como lleva una semana más o menos sin salir de casa, no se ha maquillado y tiene las arrugas más marcadas que nunca.
- A la fiesta de Halloween, mamá. ¿Te acuerdas de Alexander?
- Claro que sí. No haces otra cosa que hablar de él.
- Pues me ha invitado. Pasará a recogerme a las siete o siete y media.
- ¿Y a qué hora volveréis?
- Bastante tarde así que no te preocupes, ¿vale?- De repente se me ocurre una idea para animarla.- ¡Ah! Y, ¿por qué no quedas con alguien para celebrarlo? Es obvio que necesitas divertirte.
Insto a mi madre a que se mire y se le llenan los ojos de lágrimas. En este momento estaría dispuesta a matar al que la ha hecho sufrir de este modo.
- Tienes razón- dice entre sollozos- voy a llamar a alguien para celebrarlo.
La abrazo suavemente y le doy un beso en su alborotada cabeza.
- Me parece bien. Podrías llamar a uno de esos chicos que tienes en tu lista de posibles solteros decentes.
Sonríe débilmente y me mira.
- Te quiero, Linda, y sé lo poco que te gusta que quede con personas que no conozco...
- Pero hoy vas a hacerlo- Le interrumpo.- Sólo te pido que tengas cuidado.
- Vale.
- Bueno, ve a arreglarte. Yo aún tengo que preparar un par de cosas.
Asiente con la cabeza en señal de aprobación. Doy media vuelta y continúo por el pasillo.
- Por cierto- me giro de nuevo.- Ese vestido de novia cadáver te queda de miedo. Seguro que a Alexander le encanta.
Sonrío a mi madre y los por un momento, mis ojos sólo reflejan amor y, tal vez, un poco de preocupación. Sí, ojalá.

domingo, 13 de diciembre de 2009

4ºparte

De camino a casa no puedo dejar de dar saltitos como una tonta. No veo el momento de que empiece el baile, pero aún tengo que esperar un día. ¡Estoy tan contenta! Con una sola frase, Alexander a conseguido alegrarme la mañana. Ya no me importa que haya colegio, ni que Caroline sea una insoportable, ni siquiera que mi madre no me haga nunca caso.
Veo los rostros de la gente pasar fugazmente por mi lado, pero sólo un rostro ocupa mi mente. Alexander... Pasa como en los eclipses de sol. En este caso, el sol es mi mundo y Alexander es la luna, que pasa por delante y por unos momentos, parece que es lo único que existe en el universo.
Maldita sea, que cursi me estoy volviendo. Hola, ¿qué más da? A todo el mundo le llega su momento cursi alguna vez en la vida.
- ¿Mamá? ¿Estás en casa?
Nada más entrar en casa voy directamente a mi cuarto y dejo la mochila en el suelo sin preocuparme por saber si mi madre está o no. Supongo que me he acostumbrado a recibir siempre la misma respuesta.
- Sí, estoy en mi cuarto. He pedido una pizza, estará a punto de llegar.
- Vale, tranquila yo la recojo.
Todos los días lo mismo. Si sigo así, voy a acabar con una salud horrible, por no hablar de que estoy empezando a ganar peso...
- Eh... mamá, hazme un favor- me asomo a la puerta de su cuarto y veo que está escribiendo algo en el ordenador pero no me molesto en preguntarle qué es. Seguramente estará visitando alguna red social y hablando con chicos diez años menores que ella.- Mañana no pidas pizza, ya cocino yo.
- Como quieras.
Salgo de la habitación un poco decepcionada. Me habría gustado que me preguntara qué tal me ha ido en el instituto, así podría haberle contado que Alexander me ha invitado al baile pero supongo que a ella no le importa.
Abro la caja de cartón que contiene la pizza y no me molesto siquiera en poner la mesa, sé que mi madre va a seguir a lo suyo y no es necesario entrar en formalidades. Si tuviera que poner la mesa para comer yo sola me sentiría un poco estúpida.
- ¿Qué tal en el instituto?
Levanto la vista rápidamente de mi trozo de pizza y me quedo mirando a mi madre como si acabara de decirme que se ha hecho un piercing en el ombligo.
- ¿Qué?
- Te he preguntado que qué tal te ha ido hoy.
Me quedo mirándola unos segundos más para cerciorarme de que me lo ha dicho a mí.
- Eh... bien.- le respondo secamente y vuelvo a concentrarme en masticar la pizza.
- ¿Estás bien? Te veo un poco rara.
¿Rara? ¿Yo? ¡Mira quién habló!
- No, quiero decir, sí, estoy perfectamente. Es que últimamente no me preguntas casi nunca qué tal me va.
Mamá frunce el ceño, extrañada.
- ¡Qué tonterías dices! Claro que hablamos. Es sólo que estoy bastante ocupada.
Genial, encima no se da cuenta, lo que me faltaba. Bueno, al menos me ha dado la oportunidad que esperaba para decirle a alguien lo del baile. Trago rápidamente la pizza y abro la boca para contárselo...
- Oye, bueno, tengo cosas que hacer. Nos vemos cuando vuelvas del colegio, ¿vale?- Mamá levanta la vista del teléfono que lleva en la mano para mirarme a los ojos.- Oh, perdona, ¿ibas a decirme algo?
Le miro a los ojos y le lanzo indirectas con la mirada que cualquier madre del mundo entendería como una señal de “necesito hablar”. Todas... menos la mía.
- No mamá, no iba a decir nada.
Mi madre se encoge de hombros y se va hacia su habitación.
Rápidamente, me termino el trozo de pizza que tengo en la mano y me voy yo también a mi cuarto. No me apetece comer más.
Y, como todos los días, me tumbo en la cama con la vista perdida en algún punto fijo de la habitación hasta que llega mi gata, se acomoda en mi regazo y me pongo a contarle lo que mi madre no ha tenido tiempo de escuchar.Hoy puedo estar todo el tiempo que quiera aquí. Los jueves por la tarde no es obligatorio ir al instituto así que me quedaré en casa pensando en la fiesta de mañana y luego bajaré a recoger mi vestido a la tintorería

viernes, 11 de diciembre de 2009

3º PARTE

Camino detrás de él por los anchos pasillos repletos de gente. La verdad es que ésta vez avanzo más rápido que antes, es una suerte que vayamos a la misma clase.
Cuando salimos del montón de gente, Alexander se gira y me da la mano. Guau. Me quedo mirando el lugar donde nuestras manos se unen como el que contempla un milagro.
Su mano no es suave y húmeda de sudor (puaj) como la de la mayoría de los estudiantes que hacen deporte, sino que es un poco más áspera y sus dedos son largos y estilizados. Agarrar su mano es como agarrarte a un saliente cuando estás cayendo por un precipicio. Su contacto hace que me olvide de todo lo que me rodea.
Sus dedos se cierran sobre los míos, presionándolos levemente, casi con dulzura. Me muerdo el labio inferior para contener mi felicidad. Y sigo mirando nuestras manos.
Esta vez, el apretón es un poco más fuerte y está empezando a molestarme. Alzo la mirada hacia sus ojos, lo que tampoco es una vista desagradable. Sus labios se mueven, creo que intenta decirme algo...
- Hola... tierra a Lindy, ¿estás bien?- Pregunta él un poco preocupado por mi salud mental. Alexander, no estoy loca, te lo juro. Bueno, quizás un poco. Por ti.
- Eh... sí. Estoy muy bien, ¿por qué? ¿qué pasa?
- El profesor está a punto de llegar, tienes que sentarte en tu sitio.- Miro a mí alrededor desorientada. Estoy en el centro de la sala, sin querer soltar la mano de Alexander. Por suerte, nadie parece darse cuenta de que hemos llegado, salvo Caroline y sus secuaces, que ahora nos miran con sorpresa y el ceño fruncido desde el otro lado de la clase. Sé que está mal decirlo, pero estoy disfrutando bastante con la situación.
- Aja, perdona. Estaba pensando en unas cosas y se me a olvidado dónde estábamos.
- ¿En qué estabas pensando?
Me encojo de hombros dándole a entender que no voy a decírselo y haciéndome la interesante.
Alexander me dedica una sonrisa pícara, sacude la cabeza y va hacia su sitio.
Yo me quedo ahí plantada, con una sonrisa estúpida en el rostro, viendo cómo él saca sus libros de la mochila y la deja en el suelo.
Luego me dirijo hacia mi sitio para esperar al señor Barner, como hacen todos los demás. Espero que mi día evolucione de una manera menos monótona, sino, las clases se me van a hacer eternas...
O casi eternas. ¡Bien!, por fin es la hora del almuerzo.
Hoy me toca comer en casa así que voy a tener más tiempo de descansar. Y de pensar.
En cuanto la campana (bendita campana) nos indica que podemos salir, soy la primera en hacerlo. Necesito ver a Alexander.
Llevo toda la mañana en ascuas sin saber que es eso tan importante que quería decirme.
Le encuentro guardando los libros en su taquilla.
- ¡Alexander!
- Eh, Lindy, ¿qué pasa? Vas a una velocidad impresionante.
Me mira sonriente y acaba de guardar sus libros. Cuando lo hace, se gira hacia mí.
- Lo sé. Es que antes ibas a pedirme una cosa y ya sabes lo impaciente que soy así que llevo toda la mañana pensando en ello.
- Pues espero no decepcionarte- dice riendo- porque para que hayas estado toda la mañana esperándolo... tiene que ser importante para ti, al menos.
Hola, despierta Alexander. Todo lo que tú tengas que decirme es importante, y crucial...
- Bueno, lo que iba a pedirte es...- Vamos, avanza, venga, no puedo esperar ni un segundo más, dilo..- Si quieres venir al baile conmigo mañana.
¿QUÉ? ¿Qué si quiero ir? ¿Al baile? ¿Contigo? ¡Si! ¡Por supuesto!
- ¿Al baile?
- Sí, ya sabes, el de la fiesta de Halloween que se celebra aquí.
De hecho, sé perfectamente a qué se refiere, pero mi mente no puede procesarlo aún.
- Y bien, que opinas.
- Sí- digo automáticamente.- Claro que sí, por supuesto, sí que quiero ir contigo.
Alexander parece realmente feliz. Y yo también. Lo soy. Muy. Feliz.
- De acuerdo, pues paso a buscarte a las siete. Pero avisa a tu madre de que va a durar bastante.
No pienso avisarle. A ella no le importa.
- Sí, yo se lo digo, vale.
Estoy que doy botes de pura felicidad. Ja, esto le va a enseñar a Caroline que ella no es el centro del mundo. Sí, probablemente tenga una profunda depresión cuando se lo cuente. Y a mi qué. Alexander me ha invitado a la fiesta y eso es lo único que importa.

2º parte

Aparto la vista con resignación del vacío y desastroso examen sorpresa y me dedico a observar las caras de ansiedad de mis compañeros de clase. Algunos ya se han dado por vencidos y se han resignado al inminente suspenso, otros dedican los últimos minutos de clase a repasar una y otra vez sus exámenes. Me incluyo en el primer grupo, por supuesto.
Estoy empezando a padecer los más que conocidos síntomas del aburrimiento. Bueno, la verdad es que llevo media hora deseando que acabe la clase por tres razones: la primera, necesito ver a Alexander, la segunda, estoy ansiosa por recoger mi disfraz de Halloween de la tintorería y... por último (pero no menos importante), tengo demasiadas cosas pendientes antes de morir (de aburrimiento).
Apoyo la cabeza en mi mano y dejo que mis ojos se cierren unos segundos...
Llevo horas bailando bajo la luz de los focos. Ya he bailado con todo el equipo de jugadores de fútbol, un sueño para cualquiera, aún así me siento vacía.
Siento que aún falta algo para que la noche sea una noche perfecta, pero no tengo claro qué es. Miro a ambos lados pero las parejas que bailan en el centro de la pista me impiden ver que hay más allá. Más allá de la música, más allá de los focos, más allá de todas las cosas superficiales que me rodean.
Entonces lo siento. Una presencia detrás de mí. Y tengo perfectamente claro que la persona que acecha a mis espaldas es aquella a la que yo andaba buscando. Me giro lentamente, estoy deseando ver su rostro pero a la vez hay una voz en mi interior que grita mi nombre y me recuerda que hay cosas que es mejor no saber...
- ¡Linda!
No. Oh, no. Eso ha sonado, por desgracia, demasiado cerca y capto a la primera que el sueño ha acabado. Esto es real.
Me giro y veo que Caroline me mira con el ceño fruncido. He vuelto a soñar despierta. Bueno, eso creo. Espero no haber soñado “dormida”.
Miro asustada hacia el frente esperando una (nueva) bronca del profesor Cast, pero él ya no está. (No pienso volver a plantearme la posibilidad de que la suerte me sonríe, estoy segura de que me llevaré una decepción)
- ¡Linda!, ¿pero qué te pasa? El profesor se fue hace un rato y sigues ahí plantada.- Caroline sacude la cabeza con desagrado en mi dirección.- Yo que tú iría hacia la clase me toca. Aunque estoy segura de que volverás a llegar tarde.- Se encoge de hombros como si fuera lo más obvio del mundo y sale del aula meneando las caderas de forma exagerada (estoy segura de que algún día se va a dislocar las caderas) y rodeada de su club de fans, ¡uy!, perdón, “amigos”.
Pongo cara de fastidio, me levanto y guardo los libros en mi vieja mochila tuneada por chapitas de grupos música.
Mi día no puede ser más fastidioso, y lo peor es que esto es lo que me espera hasta que, por fin, pueda ir a la universidad.
Hurgo en mi mochila en busca del horario de clases. Sí, lo admito, aún no me lo he aprendido y tampoco es que tenga ganas. Prefiero perder la noción del tiempo.
¡Bien! Tengo clase de ciencias, esta vez coincido con Alexander. Será mejor que llegue pronto, no quiero que me hagan quedar en ridículo delante de él.
Me abro paso precipitadamente por el pasillo y de las prisas me choco con alguien. Tengo los nervios a flor de piel así que levanto la vista con la intención de soltarle una palabrota despectiva al torpe que...
- Alexander.- Me quedo plantada en mi sitio sin apartar la vista de él, como quien ve una estrella fugaz y la observa mientras puede porque sabe que ésta no va a volver.
- ¡Lindy!- Parece sorprendido y a la vez contento de verme. Un mechón de pelo negro ondulado le cae despreocupadamente sobre los ojos y tengo unas ganas incontrolables de apartárselo con mi mano, pero consigo contenerme a duras penas.- Estás aquí. Caroline me ha dicho que estabas guardando los libros de física en tu taquilla.
- ¿Eso te ha dicho?- Me parece increíble que Alexander se sorprenda. Caroline siempre intenta evitar que él y yo hablemos. Le pone muy celosa.- Acabo de salir de clase. Es que me he retrasado un poco.- De repente me asalta una duda, una duda muy esperanzadora.- ¿Por qué querías encontrarme?
Una dulce y bonita sonrisa aflora a sus labios. Me quedo completamente abducida por su belleza y apenas soy capaz de escucharle.
- ¿Qué me dices?
- ¿Sobre qué?
- Sobre lo que acabo de pedirte.
Mi corazón late demasiado deprisa. OhDiosMío. Espero que sea lo que yo estoy pensando. Por favor, suerte, no me dejes marginada.
Pero una vez más suena la exasperante campanita que anuncia el principio de las clases y Alexander promete repetirme la propuesta más tarde.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Libros que teneis que leer por narices.

CAZADORES DE SOMBRAS- CASSANDRA CLARE
LA CASA DE LA NOCHE (MARCADA, TRAICIONADA...)- PC CAST Y KRISTIN KAST
VAMPIRE KISSES- ELLEN SCHREIBER
SER YO ES UN ASCO- KIMBERLY PAULEY
LAS CRIATURAS DE LA NOCHE- LUCIA GONZALEZ
CREPUSCULO (OF COURSE)- STEPHENIE MEYER
CRÓNICAS VAMPÍRICAS- LJ SMITH
LA PUERTA OSCURA- DAVID LOZANO
THE HOST- STEPHENIE MEYER
...
Empezad por esos!!! ;)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Primera parte oficial!

PRIMERA PARTE: MI VIDA
Es oficial. Odio el colegio. Para lo único que sirve es para quitarnos nuestras preciadas horas de sueño y llenarnos la cabeza de porquería. Sé que dentro de unos años, cuando sea una historiadora famosa, me arrepentiré de haber puesto esto, y por supuesto mi madre también. Nadie quiere que su hija perfecta piense algo así de los estirados centros educativos de la periferia. Tal vez por eso no tengo muchos amigos y acabo de romper con mi novio.
Lo normal en esta situación sería que me pusiera a llorar a moco tendido, ya sabéis, por la ruptura. Pero no me arrepiento en absoluto. Es más, lo cierto es que si esto no hubiera acabado, pronto lo habría cortado yo.
La razón por la cual no me ha importado romper con mi novio es que me he enamorado perdidamente de otro chico. Alexander.
Alexander y yo somos amigos desde hace mucho. Él siempre me ha parecido muy simpático pero nunca he pensado en él de este modo. Hasta hace un par de semanas.
Ha sido cuando ha empezado a fijarse en él Caroline, mi supuesta mejor amiga a la que yo no soporto. El caso es que vino un día al colegio y la oí cuchichear con un par de chicas más acerca de lo guapo que es.
Vale, he de admitir que es guapísimo, además de tener un pelo precioso, pero no es sólo por eso por lo que me gusta. Entre él y yo hay mucha confianza y él siempre ha estado allí cuando yo lo necesitaba.
Siempre hemos sido muy buenos amigos, pero hay ciertas edades en las que las chicas empezamos a buscar... algo más. A mí me pasa exactamente eso. Es bueno tener a tu lado a alguien en quien confías y a quien quieres un montón. Yo pienso que es la combinación perfecta que tendrían que tener todos los novios. No se puede pedir más... ni menos. A no ser que seas una estúpida como Caroline y te guste tener novios igual que te gusta tener trofeos. Depende del punto de vista desde el que lo mires.
Pego un bote en la cama. El despertador a dado su tercer y último aviso y estoy a punto de llegar tarde al colegio, como siempre. Por suerte hoy es jueves y coincido en la mayoría de mis clases con Alexander. ¡Genial! Tal vez incluso consiga que me invite al baile que se va a celebrar por Halloween mañana en el instituto, eso si Caroline no ha aprovechado aún para pedírselo.
Con una nueva oleada de fuerzas y mis energías renovadas salto de la cama para vestirme. Ayer por la noche preparé mi ropa así que por suerte hoy no tengo que elegirla. Me encajo como puedo los pantalones y la sudadera, agarro mi mochila y salgo disparada a la cocina para coger mi desayuno. Mi vida últimamente es bastante precipitada y apenas me da tiempo a desayunar. Abro la despensa, cojo dos barras de cereales y las meto como puedo en los bolsillos de mis vaqueros. Si mi madre estuviera despierta no me dejaría salir sin haber comido, pero lleva dos semanas sin querer salir de casa desde que “papá dos” la dejó por la típica rubia estúpida con poco cerebro y muchas tetas, de esas que salen en las películas. No os extrañéis por lo de papá dos, es que mi padre biológico nos abandonó a mi madre y a mí cuando yo sólo tenía dos años. Ahora mamá se dedica a pasar las tardes en bares de solteros o concertando citas a ciegas por internet. Yo siempre le intento explicar que esas cosas no funcionan así y que el amor no tiene un perfil en internet, pero ella nunca deja de intentarlo y no soportaría decepcionarle, así que lo pienso pero me lo callo.
En mi familia, la única persona que me escucha es mi gata, Pesadilla. Ella siempre va a su bola y como no puede opinar ni quejarse, la pobre siempre tiene que tragarse los problemas familiares. Estoy segura de que si hay un cielo para los gatos, Pesadilla tiene un lugar asegurado en él.
Hablando de pesadillas. Voy a llegar tarde al colegio.

Una parte más!!

Jadeando y con el único apoyo del viejo tablón de anuncios que hay en la recepción, me quedo descansando los pocos minutos que faltan antes de que suene la campana que anuncia el comienzo de las clases. Ya debería estar en el aula de física, esperando al profesor mientras comento con Caroline las últimas novedades de la revista Moda adolescente pero soy incapaz de moverme.
He recorrido todo el trecho de mi casa al instituto corriendo y, sinceramente, no me apetece tener que volver a hacerlo.
Lentamente, mi espalda resbala por la pared y me quedo sentada en el suelo, inmóvil. Soy consciente de que el profesor de física va a leer por enésima vez el relato breve con moraleja acerca de las vidas caóticas y de qué es lo que hay que hacer para combatirlas. Porras. Y después lo más probable es que dedique la media hora siguiente de clase a su deporte favorito, humillarme delante de todo el mundo. Así es mi vida. Esto no es nada inusual, así como las faltas por no traer los deberes y un par de incidencias más.
Muy a mi pesar y sabiendo que la suerte no me sonríe, me levanto del suelo y me encamino hacia el aula de física.
Cuando llego, me planto en la puerta, esperando las riñas del profesor, pero éste no está. ¡Genial! Al fin y al cabo, puede que la suerte haya hecho hoy un hueco para una más.
- ¡Linda!- Me giro para ver quién me ha llamado, aunque reconozco perfectamente la voz profundamente nasal. Caroline.- Vamos, no te quedes en la puerta, el señor Cast está a punto de llegar.
¿Qué profesor en su sano juicio se apellidaría Cast? Vale, sé que es un apellido de lo más normal pero suena tan ridículo. Por favor señor Cast, deje a la señorita Johnson en paz o me veré obligada a expulsarle de este centro. Al pensar en la escena me aflora una sonrisa a los labios y aún sonriendo me dirijo a mi pupitre para dejar mi mochila junto a él.
La molesta de Caroline viene trotando hacia mí, dejando atrás a su grupito de populares ineptos.
- ¡Linda!, ni siquiera me has saludado, ¿estás bien?- Chilla en plan histérico. Estoy a punto de disculparme de manera brusca por no haberla saludado lo primero de todo, ya que, según parece, no tengo cosas mejores que hacer. Pero como siempre me advierte la gente (mi madre) decido pensar las cosas antes de decirlas. Además, en estos momentos no creo que Caroline se merezca mi mal comportamiento. Estoy a punto de contestarle, pero, sin darme tiempo siquiera a abrir la boca comienza con su vacía cháchara habitual.- Adivina quién me ha pedido que vaya con él a la fiesta de Halloween de mañana.
- A ver, quién.- Le contesto con un entusiasmo muy mal fingido, aunque ella no parece darse cuenta, está demasiado ocupada hablando de sus ligues. Ni que a mí me importara.
Caroline frunce el ceño con desagrado.
- Se supone que tienes que adivinarlo.
Me siento como cuando de pequeña jugaba a las adivinanzas. Hablando de conversaciones vacías y estúpidas... De repente una chispa de terror se enciende en mi interior y me veo obligada a preguntarle.
- ¿Alexander?- Cruzo los dedos a mi espalda, luchando con todas mis fuerzas por que no sea así.
- No, él no. Pero estoy segura de que va a pedírmelo.- Suelta una risa estúpida y empieza a hablarme de lo guapo y lo atento que le parece y otra sarta de chorradas. Pero yo no necesito oír nada más para tranquilizarme.
Justo en este momento suena la campanilla y todos nos disponemos a ocupar nuestros respectivos sitios. El mío, en primera fila, por supuesto.
El profesor Cast hace su entrada en el aula, con su típico gesto de que algo huele mal, cuando lo único que apesta aquí es él.
- Vaya, vaya señorita Johnson.- Lo sabía, es incapaz de no meterse conmigo, aunque sea del todo inocente.- Veo que ha llegado usted puntual. Quiero que demos todos un caluroso aplauso a nuestra señorita Linda Johnson, que ha conseguido superarse a sí misma hoy.
Toda la clase se pone a aplaudir para seguir la broma del profesor, lo que hace que yo me hunda aún más si cabe en mi asiento, deseando ser invisible.
- Sabía que mis relatos con moraleja acabarían por dar su fruto, sobre todo en alguien como usted. Pensé que todo estaba perdido, pero me equivocaba, has conseguido llegar puntual por primer día consecutivo en lo que llevamos de trimestre.- Dice como quien no quiere la cosa cuando se apagan los aplausos. Menudo idiota. Estoy hasta las narices de que me trate como si no supiera hacer nada bien.- Por eso, quiero recompensaros a ti y a toda la clase con un examen sorpresa de formulación.
Perfecto. Esta claro que me he hecho demasiadas ilusiones respecto a mi día de suerte. Desde luego hoy no va a ser.
La clase protesta en una especie de réplica apagada, porque saben que no tienen nada que hacer y, en seguida, el profesor consigue acallar las protestas y repartir un exámen a cada uno. El resto... el resto prefiero no recordarlo.