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viernes, 25 de diciembre de 2009

una parte más¡¡

Jadeando y con el único apoyo del viejo tablón de anuncios que hay en la recepción, me quedo descansando los pocos minutos que faltan antes de que suene la campana que anuncia el comienzo de las clases. Ya debería estar en el aula de física, esperando al profesor mientras comento con Caroline las últimas novedades de la revista Moda adolescente pero soy incapaz de moverme.
He recorrido todo el trecho de mi casa al instituto corriendo y, sinceramente, no me apetece tener que volver a hacerlo.
Lentamente, mi espalda resbala por la pared y me quedo sentada en el suelo, inmóvil. Soy consciente de que el profesor de física va a leer por enésima vez el relato breve con moraleja acerca de las vidas caóticas y de qué es lo que hay que hacer para combatirlas. Porras. Y después lo más probable es que dedique la media hora siguiente de clase a su deporte favorito, humillarme delante de todo el mundo. Así es mi vida. Esto no es nada inusual, así como las faltas por no traer los deberes y un par de incidencias más.
Muy a mi pesar y sabiendo que la suerte no me sonríe, me levanto del suelo y me encamino hacia el aula de física.
Cuando llego, me planto en la puerta, esperando las riñas del profesor, pero éste no está. ¡Genial! Al fin y al cabo, puede que la suerte haya hecho hoy un hueco para una más.
- ¡Linda!- Me giro para ver quién me ha llamado, aunque reconozco perfectamente la voz profundamente nasal. Caroline.- Vamos, no te quedes en la puerta, el señor Cast está a punto de llegar.
¿Qué profesor en su sano juicio se apellidaría Cast? Vale, sé que es un apellido de lo más normal pero suena tan ridículo. Por favor señor Cast, deje a la señorita Johnson en paz o me veré obligada a expulsarle de este centro. Al pensar en la escena me aflora una sonrisa a los labios y aún sonriendo me dirijo a mi pupitre para dejar mi mochila junto a él.
La molesta de Caroline viene trotando hacia mí, dejando atrás a su grupito de populares ineptos.
- ¡Linda!, ni siquiera me has saludado, ¿estás bien?- Chilla en plan histérico. Estoy a punto de disculparme de manera brusca por no haberla saludado lo primero de todo, ya que, según parece, no tengo cosas mejores que hacer. Pero como siempre me advierte la gente (mi madre) decido pensar las cosas antes de decirlas. Además, en estos momentos no creo que Caroline se merezca mi mal comportamiento. Estoy a punto de contestarle, pero, sin darme tiempo siquiera a abrir la boca comienza con su vacía cháchara habitual.- Adivina quién me ha pedido que vaya con él a la fiesta de Halloween de mañana.
- A ver, quién.- Le contesto con un entusiasmo muy mal fingido, aunque ella no parece darse cuenta, está demasiado ocupada hablando de sus ligues. Ni que a mí me importara.
Caroline frunce el ceño con desagrado.
- Se supone que tienes que adivinarlo.
Me siento como cuando de pequeña jugaba a las adivinanzas. Hablando de conversaciones vacías y estúpidas... De repente una chispa de terror se enciende en mi interior y me veo obligada a preguntarle.
- ¿Alexander?- Cruzo los dedos a mi espalda, luchando con todas mis fuerzas por que no sea así.
- No, él no. Pero estoy segura de que va a pedírmelo.- Suelta una risa estúpida y empieza a hablarme de lo guapo y lo atento que le parece y otra sarta de chorradas. Pero yo no necesito oír nada más para tranquilizarme.
Justo en este momento suena la campanilla y todos nos disponemos a ocupar nuestros respectivos sitios. El mío, en primera fila, por supuesto.
El profesor Cast hace su entrada en el aula, con su típico gesto de que algo huele mal, cuando lo único que apesta aquí es él.
- Vaya, vaya señorita Johnson.- Lo sabía, es incapaz de no meterse conmigo, aunque sea del todo inocente.- Veo que ha llegado usted puntual. Quiero que demos todos un caluroso aplauso a nuestra señorita Linda Johnson, que ha conseguido superarse a sí misma hoy.
Toda la clase se pone a aplaudir para seguir la broma del profesor, lo que hace que yo me hunda aún más si cabe en mi asiento, deseando ser invisible.
- Sabía que mis relatos con moraleja acabarían por dar su fruto, sobre todo en alguien como usted. Pensé que todo estaba perdido, pero me equivocaba, has conseguido llegar puntual por primer día consecutivo en lo que llevamos de trimestre.- Dice como quien no quiere la cosa cuando se apagan los aplausos. Menudo idiota. Estoy hasta las narices de que me trate como si no supiera hacer nada bien.- Por eso, quiero recompensaros a ti y a toda la clase con un examen sorpresa de formulación.
Perfecto. Esta claro que me he hecho demasiadas ilusiones respecto a mi día de suerte. Desde luego hoy no va a ser.
La clase protesta en una especie de réplica apagada, porque saben que no tienen nada que hacer y, en seguida, el profesor consigue acallar las protestas y repartir un examen a cada uno. El resto... el resto prefiero no recordarlo.

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